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Una reflexión sobre noviembre.

De Padre Woods

Noviembre es un mes dinámico con imágenes poderosas que pueden (y deben) inspirarnos y desafiarnos a una fe más profunda y a una comunión más íntima con Dios. A nuestro alrededor las hojas están cambiando y comienzan a caer. Algunos días fríos hacen que el verano sea un recuerdo lejano y esperamos fiestas, chocolate caliente y abrigos de invierno. Termina el horario de verano y largas noches nos esperan. La temporada de fútbol está en pleno apogeo y la televisión promete esquí, hockey y patinaje artístico. Los veteranos son honrados. El mes comienza con una celebración de los santos, la conmemoración de las almas santas y termina con un día nacional de Acción de Gracias. ¡Estas son muchas actividades para cubrir en 30 días!

¿Qué puede enseñarnos noviembre? La primera realidad es que la vida es corta. La realidad de los santos y las almas santas es, nos guste o no, nuestro destino. La muerte de las hojas, la muerte del año, el morir de la luz del día nos recuerdan que la vida llegará a su fin y que nunca podemos olvidar que la eternidad está a la vuelta de la esquina. En lugar de provocar una depresión otoñal, ¡es asombroso que tanta belleza acompañe a los moribundos a nuestro alrededor! Las hojas son hermosas El aire fresco nos hace sentir vivos y ansiosos por lograr cosas. Dios nos rodea de belleza en cada etapa de la vida. La belleza es un recordatorio de su presencia a nuestro alrededor. Si somos inteligentes, tomaremos en serio el aviso estacional y pondremos nuestras prioridades en orden. ¿Vivimos solo para esta vida o en anticipación a la vida eterna?

También es sorprendente que elijamos esta época del año para el Día de Acción de Gracias. ¿No estamos más agradecidos en la primavera cuando el clima cálido y los bulbos de tulipanes son tan evidentes? ¿Qué hay del verano? ¿No deberíamos estar más agradecidos cuando estamos de vacaciones? En cambio, como nación, optamos por reservar un día para agradecer a Dios Todopoderoso al concluir la cosecha, en la coronación del año. Justo cuando las cosas comienzan a ponerse frías y oscuras, expresamos nuestra gratitud nacional de manera más explícita.

El simple hecho, es que cada vez y cada temporada es un momento para tomarse la eternidad en serio. Todo el tiempo y en cada temporada es tiempo para dar gracias a Dios. Como simples mortales, necesitamos calendarios, recordatorios de tiempo, estaciones y de días festivos para recordarnos verdades importantes. Dios, sin embargo, es eterno. Las coronas son tan importantes durante Adviento y Navidad porque son símbolos de la Santísima Trinidad. Dios, como la corona circular, no tiene principio ni fin. Él es eterno. Las coronas están hechas de árboles de hoja perenne para mostrar que Dios es eterno. La luz de Dios nunca se oscurece y Su calor nunca desaparece.

Vivir la vida de uno en Cristo Jesús es una maravillosa manera de vivir. De hecho, solo en Jesús estamos realmente vivos. Él se entrega a sí mismo en la Sagrada Comunión para que tengamos la nutrición que necesitamos para resistir el viaje de la vida. Las hermosas enseñanzas de Cristo nos aseguran su presencia incluso cuando sentimos frío o en la oscuridad. Cada muerte es simplemente el material de construcción para la vida nueva y resucitada. Disfruta este noviembre y aprende las lecciones del mes que le dan un mayor significado a todo el año.